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lunes, 18 de julio de 2011

Collage de animales

  Pues esta se trata de una de las primeras tallas que realicé. El diseño no es mio, pues lo saqué de una web que vendía dibujos para tallas; se ve que este era uno de los de muestra...
  La ilustración ponía "Roman Cornice" que, gracias a mi extenso dominio del klingon he traducido por: codorniz romana, y no admito otra traducción. Nunca he estado en Roma, ni vivido en época romana (aunque tengo algunos libros sobre arte de esta era y no aparece ningún bicho así), por lo tanto no puedo poner en duda si existen o existían bichos con esta forma.
Originalmente iba a llevar un suelo en el que apoyar la pata y las hojas de acanto que tiene por cola, pero no quedaba muy bien al enmarcarlo. No descarto ponerselo si le quito el marco y lo engarzo en algún mueble superbarroco que me dé por hacer.
  Este bicho, gracias a un inteligentísimo (y complejo)  mecanismo (consistente en un marco muy grueso y dos alcayatas), pasó años cubriendo el cuadro de fusibles de mi casa. Ahora lo tengo en la tienda/taller donde trabajo con la esperanza de venderlo y jubilarme con los millones que me paguen por el.

  Datos técnicos:
  Se trata de un taco de castaño de 6 centímetros de grosor, lo cual es una animalada; la cola, la cresta y ambas patas están en el aire, e incluso tendría madera para esbozarle la otra ala si no fuera porque quedaría bastante raro.
  Creo que el acabado fue a base de barniz de poliuretano.

lunes, 16 de mayo de 2011

Por donde van a ir los tiros (primeras fotos)

  Se trata de uno de los dos bichos que hice allá por mi lejana juventud.
  Debería saltar a la vista que se trata de un dragón, hecho sobre un taco de madera de castaño de diez centímetros de grosor y tamaño algo mayor que un folio.
  En un primer momento iba a llevar patas y estaría posado sobre la rama de un árbol, pero durante el proceso llegué a la conclusión de esto le quedaría entre muy mal y fatal, así que se quedó como levitando y con el rabo encogido.
  Lo del rabo tuvo su gracia; pues mientras me cagaba en muchas cosas para tallarle la cresta en la parte de atrás (más o menos se puede apreciar en las fotos que no toca la base) en algún libro leí lo de la técnica de romper hacer la forma y encolar, lo cual me dispuse a hacer alegremente sin ser consciente de lo bien que lo iba a pasar sujetando la pieza mientras no se secara la cola. Después vinieron otras roturas accidentales enmarcadas dentro de una especie de epopeya tragicómica.
  También estuve a punto de acabar de separarlo de la base, pues solo está unido a esta por una pequeña parte de la espalda, pero:
  1. No tenía forma de posarlo, pues carecía de patas
  2. Colgado quedaría ridículo
  3. Tendría que tallarle la espalda y ya estaba un poco cansado del bicho
El acabado fue una extraña mezcla entre imprimación de poliuretano, goma laca y, creo que también lo llegué a encerar en medio de una febril tormenta de mezcla de ideas absurdas y adquisición de nuevos productos.

  Un buen samaritano compró esta talla para engarzarla en el dintel de una puerta.